Óleo de un hombre (revolucionario) con guitarra

El jueves 18 de octubre no fue uno más. Eso pasaría en cualquier fecha en que toque Silvio Rodríguez en Córdoba. Trataremos de contar lo que pasó en la visita del trovador, en el marco de su gira. Trataremos de poner en palabras lo que se vivió.

Texto y fotos: Juan José Coronell

El Orfeo se fue llenando de a poco y con las ganas intensas de vivir un momento de esa índole. Tal lo demostraban las selfies que las personas se sacaban a la entrada, entrada en mano, anticipando ser testigos de lo que vendría. Una postal de estos tiempos.

Llegar al Orfeo no era tarea fácil, por el caos en el tránsito que produjo una marcha -necesaria- a favor de la Educación Pública. Otra postal de estos días.

A las 21:50 las luces se apagaron y el brillo comenzó. “La libertad tiene alma clara /Y solo canta cuando va batiendo alas” comenzó cantando un Silvio de lentes, boina, barba que delata el paso de los años y lo intacto del mensaje.

“Gracias por dedicarme un ratico de su tiempo. Muchos lo hicieron con sacrificio, más gracias todavía” expresó, para volver a agarrar la guitarra y continuar. Porque esa es su manera también de expresarse, de demostrarnos lo que hace la música, la poesía, sus cuerdas revolucionarias. Tu soledad me abriga la garganta, fue el primer tema de su último disco, Amoríos, que ayudó, y muy bien, a regalar un repertorio variado y extenso, para todos los gustos.

Verde esperanza
“Tenemos un programa que, en la primera parte, estará muy identificado con la lucha de la mujer” le confesó al público, antes de comenzar una seguidilla de temas con Judith. Pero sobre todo le confesó a sus convicciones, para no ser “una contradicción andante”, por entender lo que pasa en este tiempo y actuando frente a ello. Rodolfo Walsh, estaría orgulloso por esto.

Ya en ese momento la emoción era muy grande, como la poesía, como las melodías que generaban sus músicos: Rachid López (guitarra y coros), Maykel Elizarde (tres), Oliver Valdés Rey (batería y percusión), Jorge Reyes (contrabajo), Jorge Aragón (piano y coros) Emilio Vega (vibráfono y percusión) y Niurka González (flauta, clarinete y coros). Destacándose esta última, Niurka González, la única mujer de la banda, que fue muy aplaudida en sintonía con el momento del show.

Silvio fue regalando una a una sus canciones. Se dice regalar, porque no daba respiro, pero sobre todo pausas a las emociones. Sus auriculares no le dejaban escuchar algunos gritos de “Te amo”, “Grande Silvio”, “Viva Cuba”, pero los sentía. Porque público y artista estaban unidos en la misma sintonía.

«De la ausencia y de ti», «La Gaviota» – canción compuesta en Angola en 1976 inspirada en días de Guerra Fría- «Tonada para dos poemas» de Rubén Martínez Villena -para que todos estuviésemos con las pupilas insomnes- fueron algunos de los temas de ese fragmento. Pero la canción fue «Eva». Que fue de los momentos más altos en un Orfeo, que tenía sentimientos a flor de piel y anhelos que pedían salir: «Eva sale a cazar en celo / Eva sale a buscar semilla / Eva sale y remonta vuelo / Eva deja de ser costilla», mucho más fuerte con las luces verdes de fondo. No parecía casualidad. No lo era. Y si se miraba bien, los reflectores en ese momento, tenían un color naranja…

Sueños reparados
El recital continuó entre la poesía libertaria de Rubén Martínez Villeta, la música de Silvio que siguió el mismo carril; una canción hecha para la película Afinidades que invita de nuevo “a ver un corazón alado” y las hermosas reversiones de sus temas tan necesarios. «Quien fuera», «Óleo de una mujer con sombrero», se destacan en ese sentido, dándole más protagonismo a una banda que sabe y acompaña de la mejor manera, al Compañero Silvio.

«Llegaron el Reparador de Sueños», “para aflojar odios y apretar amores”; «Tonada del Albedrío», para que el “Che” tuviese su momento y sus aplausos, su ovación oportuna, para decir basta a hombres artificiales y América. Una canción que en teoría fue para una mujer, pero que puede ser la radiografía de la actualidad continental: “El llanto de América se parece al dolor”.

Si no creyéramos en Silvio…
En la parte final del show, llegaron los coros interminables. «La Maza», fue la previa al hit del año contra el Presidente Macri, que Silvio se encargó de retratar con una cámara, y de «Te Amaré», sin su instrumento. Y de esa manera dos formas de revolucionar. La primera con las convicciones necesarias e innegociables del artista, la segunda sabiendo que “al buen revolucionario sólo lo mueve el amor”.

En «Noche sin fin y mar», logró un silencio total, ideal para desear que fuese una realidad ese “ratico”, sin fin y “para soñar, soñar la estrella”. Y su (gran) «Pequeña serenata diurna», para recordarnos la importancia de estar despiertos, como él que tiene sus cantos, que muele y rehace habitando el tiempo.

«Ojalá» fue el primero de los bises, pero no solo eso. Fue todo el público vivando a Silvio, fue la poesía en su máxima expresión, que si es cantada de esa forma te cala hondo, sin dudas. «Sueño con serpientes», fue el agradecimiento del público de que haga temas que pide, pero también el agradecimiento de él. “Sin ustedes no somos nada”.

El final llegaría con “un estreno”. “Viene la cosa fea. Viene una cosa que sólo la sinceridad destroza”. ¿Ya habíamos dicho que Silvio no es una contradicción andante? Por eso canta esto, frente a una cosa que viene por todos lados, que no será frenada por la mentira, y sin nombrarla todos sabemos de qué se trata, porque viene “rescribiendo el pasado”. Una cosa que hay que enfrentar, a la que él le canta y le apunta con su guitarra. Para cantar este momento, en este presente. Porque Silvio en el Orfeo cantando «El Necio», hizo el Óleo de un hombre (revolucionario) con guitarra.

Alguien que quiso ser dibujante, pero que lo terminó haciendo con sus canciones, retratos del pueblo y de sus vivencias. Un artista único y necesario, que quiere ser a la zurda más que diestro, que sigue soñando travesuras a sus 72 años, que no cree que la locura haya pasado de moda. Que asume al enemigo, que camina y va siendo. Y que morirá como vivió: dándonos canciones urgentes, la palabra revolucionaria, a él mismo en cada guitarra, las banderas de la coherencia, el amor que intenta vencer en un mundo lleno de odios, la sinceridad por lo que peleamos y la poesía más libertaria.

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